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RELATO EROTICO DE SEXO EN VIVO

CYBER AMANTES Tenía que ser prudente y tener paciencia, procurando dar a Fani exactamente lo que necesitaba, ni un poco más ni un poco menos.



Hola, me llamo Carlos y la historia que les voy a contar sucedió hace ya algún tiempo. Tenía yo en esa época 25 años y estaba en el último curso de carrera, con unas ganas locas de licenciarme y buscar trabajo para empezar a ganar dinero contante y sonante y no tener que depender de los padres como una sanguijuela que semana tras semana exigía el impuesto revolucionario.

Estudiaba en Barcelona, y hacía vida en un internado de chicos donde tenían una sala de ordenadores con conexión a Internet. Por suerte para mí iba aprobando asignaturas con la misma facilidad que un arado remueve la arena del desierto, y disponía de un par de horas diarias que dedicaba a chatear por Internet. Allí fue donde conocí a Fani, en el canal Barcelona, y nos hicimos muy cyber amigos, ya que teníamos mucho en común: practicábamos mucho deporte, pasión por la fotografía, etc. El problema es que Fani tenía novio, del cual estaba muy enamorada y por tanto quedó claro desde el principio que entre ella y yo, tan sólo iba a haber amistad. Y además, nunca la iba a conocer en carne y hueso, nuestra relación sería exclusivamente “chatera”.

Pero a las pocas semanas nuestras charlas divertidas y animadas se cortaron en seco, y no supe de Fani hasta un mes más tarde, cuando me envió un e-mail diciéndome que había cortado con su novio y que lo estaba pasando muy mal. Le contesté pidiéndole que se conectara a Internet para charlar con ella en directo, y fue así como restablecimos comunicación. La primera noche estuvimos como 5 horas charlando (bueno, ella charlaba y yo hacía de pañuelo de lágrimas) mientras ella me explicaba lo mal que lo estaba pasando y que su ex la había dejado por otra. Menudo chico idiota pensé. Así estuvimos, entre charla triste y charla depre hasta que empezó a darse cuenta que tenía que empezar a olvidar e iniciar una nueva vida sin novio. Poco a poco se iba recuperando y la confianza volvía a ser la misma que antes, si más no mejor todavía. En eso que una noche me confesó que echaba en falta la seguridad de un chico, las caricias, el cariño y el sexo. Pero por otro lado dijo que no tenía ninguna intención de liarse con un desconocido, porque lo único que le provocaría sería un arrepentimiento posterior, y sentimiento de desprecio hacia sí misma. Un amigo todavía menos, podía jugarse su buena reputación de chica formal en una sola noche, y tampoco le interesaba iniciar una relación sin antes haber pasado página y haber olvidado completamente al impresentable que todavía habitaba en su corazoncito destrozado.

Ahí fue cuando yo le propuse (medio en broma medio en serio) que yo era lo que necesitaba, que podíamos ser cyber-amantes, que tan sólo teníamos que imponer unas reglas de juego y que podíamos llegar hasta donde los dos quisiéramos. Me contestó que no, y no volvimos a hablar del tema hasta unos días más tarde, en que me pidió que le explicara lo de las reglas del juego. Por lo visto días y noches de abstinencia le habían despertado la curiosidad. Le envié un e-mail con las reglas:Nos enviaremos una foto por Internet para ver si nos gustamos el uno al otro.
Jamás nos veremos cara a cara, ni hablaremos cuando estemos juntos.
Las propuestas se harán tan solo en chat o por e-mail.
No comentaremos nada de lo que hayamos hecho hasta que finalice el juego.
El juego se acaba cuando uno de los dos quiera dejarlo o si se rompe alguna norma.
Estuvo varios días pensándoselo, pero creo que fue la norma 5 la que acabó por convencerla; podía dejar el juego en cualquier momento sino le gustaba como se iba desarrollando la historia.

Nos enviamos las fotos y la verdad es que Fani estaba estupenda, alta, morena, cabello largo, ojos verdes y un cuerpo voluptuoso lleno de curvas y esculpido a base de horas de gimnasio. Ni le sobraba ni le faltaba un gramo de nada. Yo le envié una foto que tenía en bañador, donde se me pueden apreciar unos abdominales y un cuerpo fruto de los entrenamientos diarios de natación. Cabello y ojos oscuros, con cara de angelito que no ha roto un plato en su vida. Por lo visto le gusté y me pi


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dió que le propusiera algo:Le envié la prueba número uno por e-mail: 1) jueves próximo a las 8 en el cine Oscars, sala 3, fila 10, asiento 15.
No obtuve respuesta, así que supuse que no se presentaría, pero como no estaba del todo convencido entré en el cine a las 8:05, con la película ya empezada y la sala a oscuras, me senté en la fila 11 y el asiento el 15. Justo delante de mí había una chica sola, y en toda la sala debíamos ser unos 10 espectadores, así que supuse que tenía que ser Fani, o de lo contrario la casualidad me podía acarrear muchos problemas. La sala que había escogido era pequeña, con respaldos bajitos y poca separación entre filas, lo cuál me facilitaba acercarme a Fani. Además, escogí una película que supuse no era de gran interés y así la sala estaría prácticamente vacía; acerté de pleno.

Era la hora de la verdad y no me atrevía a hacer nada, así que después de 10 minutos de indecisión mi mano derecha fue solita sin mi consentimiento a apoyarse sobre el hombro de la chica del asiento de delante, no se movió, no dijo nada, buena señal pensé. Puse la otra mano sobre el otro hombro y empecé a pasar los dedos suavemente por encima de la blusa que llevaba, la chica no se quejó, aunque la noté un poco tensa, tal vez por lo nervios. Yo estaba alteradísimo y muy emocionado por la situación tan excitante, así que empecé por masajearle los hombros durante un buen rato, hasta que noté que se relajó y fue entonces cuando empecé a acariciarle el cuello, pasando las yemas de mis dedos suavemente, rozando su piel delicada casi sin tocarla, muy lentamente, para que sintiera mis caricias en cada milímetro de su cuello. Noté como inclinaba un poco la cabeza hacia las manos que tanta dulzura le estaban transmitiendo, incluso me pareció oír un pequeño suspiro de bienestar. Me excité mucho y en esos momentos tenía ya una erección increíble, pensé que los pantalones me iban a explotar en cualquier momento. Seguí con mis caricias por la nuca, le rozaba el pelo, la peinaba con las manos; mis dedos rozaron sus orejas y continuaron su camino hacia las mejillas que estaban muy calentitas. Pasé mis manos dulcemente por su frente, por sus ojos, su nariz, y con el dedo pulgar le acaricié los labios, entonces los abrió y se introdujo un poco mi dedo, notando yo la humedad de su boca y la sensualidad de su lengua que recorría mi pulgar. ¡Por Dios¡ me estaba poniendo a cien, me quería morir allí mismo del placer que estaba sintiendo. Tuve que sacar el dedo de su boca o de lo contrario hubiera acabado saltando a su asiento para besar esos labios de volcán en erupción. Así que continué acariciando cuello, nuca y mejillas, hasta que terminó la película. Empezaron a salir las letras y yo le di un tierno dulce beso en la nuca a modo de despedida y salí de la sala antes de que encendieran las luces. Me fui directo al internado, y aunque me ruboriza reconocerlo, me masturbé pensando en mi dedo dentro de la boca de Fani y en todo lo que me hubiera gustado hacerle en el cine. Estaba tan entusiasmado con lo que había pasado que ni me lo creía, había estado acariciando a una chica que no conocía en la realidad, que tan solo era una amiga de Internet y a la que no había visto su rostro (bueno, en foto sí). La situación me producía tal morbo que por las noches cuando iba a dormir me masturbaba pensando historias y aventuras eróticas con Fani. No me la podía quitar de la cabeza y al cabo de tres días le envié otro e-mail: 2) próximo sábado a las 22:30 en el Parque del Norte en el banco azul junto al lago. Escogí un parque que suele estar transitado y que por la noche tiene muy buena iluminación, exceptuando el banco azul que está justo debajo de un árbol que le da sombra por las noches con la luz de las farolas, y puedes pasar caminando por el lado y no ver si hay alguien sentado allí.

Llegué al banco por detrás, pero no podía ver si había alguien sentado allí, hasta que no estuve a 2 metros de distancia no me di cuenta de que había una chica sentada, por la silueta estaba convencido de que era ella, mi querida Fani. Me arrodillé detrás del banco y apoyé mis manos en su espalda, para transmitirle serenidad y para que reconociera mis manos. Le empujé con ternura un poquito para que se separara del respaldo del banco y así poder emp
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ezar a acariciarle la espalda, por encima de la camisa, también los hombros y el cuello. Se le notaba mucho más tranquila y relajada que en la sesión anterior, así que al cabo de unos minutos de masajearle la espalda y los hombros le agarré la camisa y fui tirando muy suavemente para ir sacándola de los pantalones, lo hice lentamente para que la propia camisa le transmitiera miles de caricias sobre su piel. Cuando estuvo toda fuera introduje mis dos manos por el interior de la camisa hasta posarlas sobre su cintura, que era muy estrecha, tal y como a mí me gustan. No hace falta recordaros que a esas alturas el volumen de mi entrepierna había crecido considerablemente, y temía que los nervios me traicionaran y acabara precipitándome. Así que inspiré profundamente y solté el aire muy lentamente en el cuello de Fani, poniéndosele la piel de gallina en tan solo unos milisegundos. Mis manos estaban agarradas a la cintura y comenzaron a moverse tras recorridos circulares, pasando luego por la espalda, explorándola lentamente con las palmas de las manos abiertas, subiendo, y después bajando mientras presionaba con suavidad su columna vertebral. Ella estaba disfrutando tanto como yo porque movía su cabeza y sus hombros acompasadamente con movimientos laterales. Después de un buen rato de explorar su espalda, pasé mis manos por la cintura y de ahí a su estómago, para ir más tarde ascendiendo lentamente hasta llegar a los hombros. Ahí se entretuvieron un rato jugando, hasta que deslicé los tirantes del sujetador hacia abajo y dejando los hombros desnudos a mis manos que iniciaron en breve un descenso muy lento hasta encontrarse con el sujetador. Introduje un dedo de cada mano bajo la prenda, desplazándose sin prisas en busca de unos pezones duros y ansiosos que esperaban el contacto de mis dedos, que al llegar a acariciarlos produjeron una descarga tan fuerte que Fani soltó un gemido a la vez que su cuerpo se puso en tensión.

Cogí con ambas manos el sujetador y lo deslicé hacia abajo, dejando sus pechos libres momentáneamente, ya que de inmediato mis manos se posaron sobre ellos empezando unas dulces caricias. Tenía unos pechos duros como rocas, grandes y firmes que se aguantaban sin sujetador perfectamente desafiando la ley de la gravedad. Yo inicié unas caricias pacientes por los pechos que acababan siempre aproximándose a los pezones sin llegar a tocarlos, pasando luego las uñas de mis dedos alrededor de ellos, justo donde acaba la piel y empieza el pezón. Eso la ponía a cien y Fani no paraba de agitarse allí, en el banco. A veces mis caricias eran suaves y dulces, otras veces le pellizcaba lo pezones, o bien le masajeaba los pechos con un poco de presión, como si estuviera amasando pan. Cada vez su respiración se iba acelerando más y más, soltando algunos gemidos, y yo iba acelerando mis caricias, presionando más y más los duros pechos y pellizcando sus pezones que retorcía entre mis dedos y arañaba, hasta noté que todo su cuerpo se empezó a convulsionar y al cabo de unos segundos dejó de moverse y se desplomó para acabar posándose sobre el banco. Le cogí la mano y se la besé, se la acaricié con ternura, y le acaricié el brazo durante unos minutos para que se relajara y finalmente me fui, directito al internado y no hace falta que os cuente lo que hice, ¿verdad? Pues os lo contaré, me masturbé recordando lo que había pasado momentos antes, y con una satisfacción enorme por haber podido acariciar semejante tesoro, unos pechos preciosos, y me sentía genial por haberle dado placer a Fani y haberle obsequiado con un orgasmo fabuloso. Acabé de masturbarme con la corrida más placentera que hubiera tenido jamás anteriormente, superando incluso orgasmos en relaciones sexuales completas.

Esa misma noche le envié otro e-mail, para proponerle la tercera prueba de este magnífico juego que yo no quería que se acabara nunca. Y por ello, tenía que ser prudente y tener paciencia, procurando dar a Fani exactamente lo que necesitaba, ni un poco más ni un poco menos. Prueba 3): Próximo lunes a las 13:00 coges el metro en Plaza Catalunya, línea verde, dirección universitat, último vagón, última puerta. Ropa: camiseta o top amarillo, minifalda y tanga. Irás de pie, de espaldas a la puerta.
En esta prueba me la estaba jugando bastante, porque íbamos a estar rodeados de gente y en cualquier momento alguien podía darse cuenta de nuestro juego y acabar fastidiándolo, pero eso le daba todav
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ía mucho más morbo. La hora era ideal porque es punta y los metros van tan repletos de gente, por lo que es difícil observar que hace cada uno.

Subí al último vagón del metro y por la última puerta, aunque yo lo hice en Liceu, una parada más allá de la que subiera ella. El metro iba a tope y me entró complejo de sardina enlatada y transportada, pero en cuanto me pude escurrir entre la gente y me topé con la camiseta amarilla que estaba de espaldas a mí, se me pasó todo complejo. Acabé justo detrás de ella, y la cogí por la cintura. Su perfume me llegó de inmediato y olía a flores silvestres, me entraron ganas de abrazarla, darle la vuelta y besarla en los labios, pero me contuve. Miré a mi alrededor y nadie se estaba dando cuenta de nada, cada cual estaba ensimismado en su pequeño mundo, y yo en el mío y en el de Fani. En la siguiente parada entró mucha más gente y acabamos más presionados todavía, así que yo acabé pegado a Fani, que debió notar ya en su trasero un enorme bulto duro y excitado, porque en seguida sacó su culo hacia tras restregándolo sobre mi pantalón. Yo estaba acariciándole la cintura y presionando por su retaguardia, más excitado que un condenado a perpetua el día que lo ponen en la calle y frente a un puticlub. No era necesario moverse mucho porque el traqueteo del metro y paradas facilitaban el roce y el escarceo. Entonces bajé mis manos y levantaron un poquito su falda, lo suficiente para que pudieran esconderse debajo de ella. Sus piernas eran largas y delgadas, muy finas y suaves, me enloquecía acariciarlas y supongo que a ella también. Mis manos recorrieron sus piernas hasta donde llegaban, porque estando los dos de pie no se podía llegar muy lejos, pero yo con eso tenía más que suficiente. Después de un rato de acariciarle las piernas, introduje la mano derecha por la cara interior de los muslos, donde se notaba ya otra temperatura. Ahí la piel era aún más tersa y delicada, y mis dedos iban ascendiendo discretamente hasta llegar a su trasero, redondo, duro y muy bien formado.

Noté el contacto con la piel, por lo que supuse que había hecho sus deberes y se había puesto un tanga. Me entretuve acariciando su trasero y masajeándolo, para pasar luego la mano por debajo de la tira del tanga para ir a descender sin prisas en busca de su intimidad. Mis dedos llegaron a su coño que estaba empapadísimo de excitación, y acariciaron con movimientos longitudinales, para luego separar los labios e introducir los dedos entre los pliegues, recorriéndolos por el interior, llegando en ocasiones a rozar su clítoris, lo que le producía una contracción muscular y entonces Fani se agarraba con más fuera a la barra que tenía justo a su lado. Entonces fue cuando presioné ligeramente con un dedo en su agujerito, que cedía con facilidad, pero yo no acababa de introducir, tan solo presionaba un poco, y en seguida lo retiraba. Así estuve un rato, y Fani en ocasiones echaba su trasero para atrás tratando de conseguir introducirse ella misma mi dedo dentro de su cuevecita, pero yo no le dejaba y así la estaba martirizando. Entonces en uno de esos movimientos en que le introducía la puntita del dedo, apreté y se lo metí de golpe, sin ninguna resistencia por lo lubricada que estaba. •¡¡¡Ahhh!!! - gritó Fani de placer.
•¿Te ocurre algo chica?- Le preguntó un señor mayor que tenía justo delante suyo.
•No, nada, nada. Me he acordado ahora mismo que tenía que llevarle una cosa a mi madre y me he olvidado.- dijo Fani a modo de justificación.
En esas que yo ya estaba retirando mi dedo lentamente, para que notara lo que iba perdiendo poco a poco, y ella acabó abrazada a la barra de hierro que tenía al lado para sujetarse mejor, e inclinó la cabeza mirando hacia abajo para que nadie pudiera verle la cara y notar lo que realmente estaba pasando.

Por suerte el metro seguía repleto y yo entonces saqué el dedo de su cuevecita y como lo tenía húmedo lo puse en las puertas de su precioso culo y con mucha delicadeza fui presionando lentamente, con cuidado para evitar hacerle daño porque podía soltar un grito y allí se nos acababa la aventura. Al principio costó un poco conseguir introducir la punta del dedo, pero una vez logrado, mi dedo fue penetrando progresivamente hasta que entró todo. La situación era súper excitante, con una desconocida de espaldas en un tren repleto de gente, y yo con mi dedo en su precio
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so trasero. Entonces empecé a pajearla, al principio a un ritmo lento, para ir luego aumentándolo progresivamente, cada vez más rápido, y ella cada vez más excitada y caliente, hasta que noté que debía estar a punto de correrse y sin parar de pajearle el trasero le introduje con la otra mano un dedo en su coño, para pasar a masturbarla al mismo ritmo con que entraba y salía el dedo en su trasero. Fani estaba a punto de explotar cuando le introduje otro dedo, y en seguida otro más en su coño, tenía tres dedos en su coño y uno en su culo, y yo notaba como le estaba llegando un orgasmo bestial que le recorría todo el cuerpo, desde la punta de los pies hasta la cabeza, y se agarró muy fuerte a la barra para no caer al suelo mientras se estaba corriendo allí, en el metro, entre cientos de personas a su alrededor que no se estaban percatando de su placer. La cabeza la tenía muy inclinada hacia abajo para que no se la vieran, y de su boca escapó un sonido, que para mí sonó como un gemido de placer contenido por tener la boca cerrada.
•Mmmmmmmmmm - sonó de la boca de Fani cuando ya se acababa de correr.
•Oye, ¿te encuentras mal? - le preguntó el mismo señor de antes.
•Un poco, me han entrado ganas de vomitar, es que me mareo cuando subo al metro, y con el calor y tanta gente, casi no puedo ni respirar.- dijo Fani, que ya había levantado la cabeza y probablemente debía tener la cara roja y desencajada.
•Siéntate aquí que hay un sitio libre, y abanícate con este papel a ver si te recuperas- dijo el señor.
En ese momento llegábamos a una parada por lo que decidí bajarme, ya que habíamos arriesgado mucho y la prueba había llegado a su fin. Por muy poco no nos habían descubierto, y me maravillé por la facilidad que había tenido Fani para salirse de la situación complicada que habíamos pasado.

Dos días más tarde recibí un mail, muy corto y conciso, en él me daba instrucciones, parecía como si hubiera querido coger el mando de la situación, ya que hasta ese momento Fani se había limitado a acudir a las citas que proponía yo. Había escrita una dirección, y me pedía que estuviera a las 10 de la noche, y que recordara las normas. Nada de vernos la cara, nada de hablar, o de lo contrario se acababa el juego. Yo tenía muy claro que por mí no se iba a acabar el juego, así que iba a respetar las reglas en todo momento. El mail me desconcertó, porque Fani había adoptado hasta ese momento una actitud pasiva, y a mí me encantaba controlar la situación y saber que iba a deparar cada cita. En cambio, ahora, la incertidumbre de lo que me esperaba me tenía nervioso, así que la noche antes de la cita no pude dormir dándole vueltas a la cabeza…

A las 10 en punto estaba en el portal que me habían indicado, ya estaba llamando por el interfono cuando pensé que si alguien me hablaba yo no podía contestar, porque estaría rompiendo el pacto. Estaba pensando eso, cuando alguien accionó la apertura de la puerta, así que estaba claro que Fani había pensado en todo. Subí por el ascensor, muy nervioso, “¿a quién me iba a encontrar?”, “¿qué iba a pasar?”. Mientras yo me miraba en el espejo y peinaba unos cuantos pelos revoltosos que el viento había castigado. Llegué al piso, me planté en la puerta y cuando me disponía a pulsar el timbre me di cuenta de que estaba abierta, así que después de dudar 5 segundos me decidí a entrar. El recibidor estaba muy bien decorado, de ambiente juvenil y moderno, se notaba que allí vivía una persona joven y con gusto por la decoración. No se oía ningún ruido, si no fuera porque me acaban de abrir la puerta de abajo, hubiera pensado que allí no había nadie. Esperé durante unos minutos, y como no vino nadie, ni oí nada, cerré la puerta de la vivienda y recorrí el pasillo hasta llegar al comedor, como no, vacío. Me estaba poniendo nervioso, y a la misma vez me estaba excitando por la situación tan misteriosa. El comedor era grande y seguía la misma línea juvenil de decoración. Sobre la mesa encontré un sobre que tenía escrito con barra de labios “para ti”. Lo abrí y me encontré el siguiente mensaje: (sigue por el pasillo hasta el fondo y entra en la habitación de la izquierda, la luz se enciende desde fuera). Eso hice, entré en la habitación y me encontré con una cama enorme, debía medir unos 2 me
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tros de ancho por 2 de largo. Encima de la cama había otra nota, también escrita con barra de labios “ultimas instrucciones”. La abrí deprisa, estaba ansioso y quería saber que es lo que me había preparado. “cierra la puerta. Quítate la ropa, debes quedarte en ropa interior. En el cajón superior de la mesita tienes un regalo que tendrás que utilizar en la cabecera de la cama. Tienes 5 minutos para prepararte. Recuerda las normas”. Sin pensármelo más me quité la ropa y la dejé sobre la única silla que había en la habitación, cerré la puerta, abrí el cajón de la mesita y me encontré con una gran sorpresa. Había unas esposas de las que utiliza la policía, no tenía mucho tiempo para pensar, pero se me pasó por la cabeza: “¿y si Fani es una psicópata sadomasoquista que me quiere hacer daño?”, no perdí más tiempo, tenía que decidirme, seguir adelante o abandonar. De dentro de mí resurgió el espíritu aventurero en busca de riesgo, impulsándome a ir por todas, así que me tumbé sobre la cama de cara hacia arriba y me até una esposa a una mano, pasé la otra por detrás de un barrote de la cabecera de la cama e introduje la otra mano y la cerré con el último…. Click. Ahora estaba a merced de Fani, más inofensivo que un corderito. Así fue como me metí en la boca del lobo, pero bueno, solo por las fuertes sensaciones que sentía en ese momento ya valía la pena.

Allí me encontraba yo, con unos slips tipo bóxer, color gris y una camiseta de tirantes blanca, y con las manos atadas con las esposas tras los barrotes. Supongo que la escena debía ser bastante graciosa para el que la viera desde fuera y no tuviera que estar en mi piel. La cuestión es que de repente se apagó la luz y se abrió la puerta de la habitación, alguien entró, se acercó hasta la cama y fue palpando con la mano hasta encontrar mi pierna. Estaba totalmente a oscuras y no podía ver absolutamente nada, aunque la chica que había entrado (suponiendo que fuera Fani) tampoco podía ver mucho más que yo. Y digo chica porque sus manos eran pequeñas y muy suaves, que fueron recorriendo mis piernas, acariciándolas con mucha dulzura. Me gustaba lo que me estaba haciendo, y con la oscuridad, la verdad es que empecé a relajarme y a disfrutar del momento. La chica misteriosa no decía nada, tan solo recorría con sus manos mis piernas de arriba hacia abajo, sin prisas, como si el tiempo no contara para ella. En una de las ocasiones, cuando subía por las piernas, sus manos se alargaron un poco más, y sobre el slip acarició mi pene, que ya en ese momento se lucía en su máxima extensión, y era tal la erección que creí que los slips iban a estallar de un momento a otro esparciendo trozos de tela por toda la habitación. Las pequeñas manos rodearon el enorme bulto para comprobar el estado y el tamaño. Se debió llevar una grata sorpresa por las grandes dimensiones de los atributos, ya que sus manos se tensaron, como si no fuera posible que algo tan grande estuviera entre ellas, y un leve suspiro, que debía proceder de los rincones más ocultos, escaparon por su boca. Y así estuvo unos minutos, palpando por encima del slip, como si no acabara de creer lo que realmente tenía a su total disposición, teniendo en cuenta que yo no podía oponer ninguna resistencia.

Al cabo de un rato sus manos se deslizaron por mis abdominales, tensos, y casi tan duros como la zona visitada momentos antes. Me agarró con sus manos por la cintura, comprobando que ese cuerpo, mi cuerpo, había estado esculpido tras horas y horas de duro entrenamiento, y donde no había cabida para un solo gramo de grasa. Sus caricias fueron ascendiendo, recorriendo todos los músculos posibles, procurando no desperdiciar ninguno, hasta llegar a los pectorales, donde se recreó durante un buen rato, presionando, masajeando, acariciando mis pezones…. Uffff, yo a esas alturas ya tenía preámbulos de sobra y estaba listo para entrar en acción en busca de la primera escaramuza. Pero la chica era paciente y no tenía ninguna prisa, quería prolongar ese momento hasta el infinito, donde el espacio y tiempo no tienen ningún valor. Entonces fue cuando sus labios se posaron sobre mis pechos y empezó a besarlos, con una ternura exquisita, y a veces su lengua húmeda se deslizaba por encima de mi piel, y cuando su boca atrapaba a mis pezones, un escalofrío me recorría por todo e
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l cuerpo, y tenía que controlarme, porque lo que más deseaba en ese momento era decirle: “fóllame ya, por favor”, pero las reglas son las reglas, y si las rompía, allí acababa el juego. Sus besos se fueron sucediendo, de mis pechos a mi cuello, mis orejas, mis mejillas; hasta que nuestros labios se unieron en un beso frenético, apasionado, cargado de adrenalina y una gran mezcla de deseo. Nuestras lenguas luchaban por atraparse y unirse, mezclar nuestras salivas, fundirse a 200 grados de temperatura. Pero entonces se apartó un poco, contra mi pesar, porque no había cosa que deseara más que disfrutar de esa boca tan fantástica y esos labios que sabían a nata. Entonces, de un tirón brusco, sin yo esperarlo, me arrancó la camiseta, dejándome únicamente con los slips como única prenda. Se subió sobre mí, con las piernas abiertas y arrodillada, e inclinó su cuerpo hasta que su pecho se unió a mi pecho. Ella se había quitado la ropa de cintura para arriba, porque noté sus enormes pechos desnudos sobre mí, piel sobre piel. Y noté el contacto de su falda en mis piernas, y se había ido a sentar justo sobre mi herramienta, presionando su entrepierna sobre el bulto, y fue entonces cuando empezó a removerse, agitando todo el cuerpo, para disfrutar del contacto y de los roces.

Yo estaba como loco, si me hubiera podido soltar, la hubiera violado sin contemplaciones, aunque ese no es mi estilo, pero es que en semejante situación, uno pierde hasta la compostura. La refriega de su entrepierna y el roce de sus pechos sobre mi pecho me estaban llevando a una situación límite, antes desconocida. Así me tuvo un buen rato hasta que fue subiendo hacia arriba, y puso sus pechos sobre mi cara. Yo los besé, y los lamí con lujuria, mis labios capturaban un pezón y no lo soltaban hasta que lo habían besado, lamido y mordisqueado. Eso le gustaba, y mucho, porque sus suspiros eran cada vez mayores, y yo continuaba, sin parar de besar y mordisquear, dándole el mayor placer posible, tanto, que los suspiros se convirtieron en gemidos y llegó un momento en que perdió los estribos y se alzó sobre la cama para acabar sentándose justo sobre mi cara, apartando primero la falda y separando después sus braguitas para poner justo en mis labios su preciado tesoro. Yo no podía moverme y casi no podía respirar, así que no tuve ninguna otra opción que besar su rajita encharcada de fluidos de excitación. Fani inició movimientos de pelvis para facilitarme más las labores que estaba llevando a cabo, y poco a poco iba abriéndose más y más de piernas hasta dejarme su conchita a mi total disposición. Creí conveniente ir poco a poco, sin prisas, tal y como ella había actuado al principio, y mis besos fueron pausados, intermitentes, recorriendo en pequeños saltos su sabrosa rajita, de un extremo al otro, y con billete de vuelta. Así la tuve un buen rato, como unos diez minutos, mientras los suspiros de placer controlado acompañaban a mis besos, hasta que mis labios dejaron paso a la lengua húmeda y deseosa, que empezó jugando con la entrada de la rajita, y después presionando muy suavemente, tratando de separar sus labios vaginales, pero sin llegar a hacerlo, y mi lengua recorría hacia arriba y hacia abajo ese territorio celestial, empujando con suavidad unas puertas que esperaban con ansiedad que las abriera de una vez. Pero mi lengua se hacía de rogar, y se entretuvo un buen rato recorriendo el surco de su sexo, por los movimientos que ella iba ejecutando, supuse que ella se estaba acariciando los pechos, presionándolos y pellizcándose los pezones, y de repente, sin pedir a nadie permiso, mi lengua penetró de golpe, con fuerza y decisión en su rajita, cogiéndola desprevenida y sin oponer casi resistencia.

Fani no esperaba un ataque de sorpresa y no pudo reprimir un grito: “Ahhhhhhhhhhh”, mientras echaba todo el peso de su cuerpo hacia delante y se agarraba con sus manos a los barrotes de la cama. Entonces empezó un ataque salvaje, sin posibilidad de tregua, y mi lengua inició los primeros asaltos, entrando y saliendo de su sexo a ritmo acompasado, que poco a poco se iba acelerando y que sincronizaba con la danza de su cadera sobre mi cara. Las penetraciones eran secas, rápidas, profundas, y después retrocedían poco a poco, despidiéndose de cada milímetro de su sexo, hasta salir al exterior. Mi lengua, y solo ella, estaba consiguiendo dar un placer inmenso a Fani, y ello se reflejaba en suspiros, gemidos, convulsiones y gritos desinhibidos.
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Dispuesto a asestar el golpe de gracia, mi músculo bucal, aprovechando una de las entradas frenéticas, se desplazó por entre su rajita hacia arriba, abriendo surco, presionando y separando las paredes que lo envolvían, para llegar finalmente a su clítoris, duro y sensible al mismo tiempo. Pasé la lengua con movimientos de vaivenes, como si estuviera pintando una pared con rodillo, y también describiendo recorridos circulares a su alrededor. Fani se estremecía, y noté los primeros síntomas de la aproximación de su orgasmo cuando noté como sus manos se pasaban por detrás de mi cabeza, para agarrarla con firmeza y presionar con fuerza hacia ella. Ahora si era verdad que no podía respirar, y no tuve más opción atrapar su clítoris entre mi labios y ejercer presión en él, y a la vez acariciar con mi lengua para dar mayor placer y buscar su orgasmo. Pero no lo conseguía y empezaba a necesitar aire para respirar, así que atrapé su clítoris entre mis dientes y lo mordisqueé, al principio con sumo cuidado, para después presionar un poco más mientras mi lengua echaba una mano. Sus convulsiones eran ya más fuertes que algún terremoto y no cesaba de gritar, mientras se corría en un orgasmo largo (a mí se me hizo eterno), y sin parar de agitarse y de presionar mi cara sobre su sexo. Finalmente quedó quieta, rígida, como si alguien hubiera pulsado el pause de su mando a distancia, y se dejó caer de golpe y hacia atrás sobre la cama. “Uffff, estoy vivo”, pensé en ese preciso momento, porque si llega a durar medio minuto más no lo hubiera soportado. Aunque si hubiera llegado el caso, siempre quedaba el recurso de un buen mordisco para que saliera disparada como un cohete, aunque por suerte, no fue necesario.

Estuvo unos cinco minutos a mi lado, quieta, sin dar señales de vida, hasta que empezó a incorporarse poco a poco, como si saliera de un estado de somnolencia profundo. Y cual sería mi sorpresa al notar como sus manos se posaron sin miramientos sobre mis slips y empezaron a tirar hacia abajo, hasta despojarme de ellos dejándome tal y como vine al mundo. Sus dedos acariciaron mi pene, que en ese momento estaba en reposo absoluto, y lo recorrieron en toda su extensión explorando esa zona desconocida. Sus caricias eran tan tiernas y sensuales que consiguieron poner mi aparato en guardia en cuestión de segundos para llegar a su máximo esplendor. Allí estaba mi estaca con sus 23 cm. preparados para entrar a la acción, mientras las manos de Fani lo atrapaban y se deslizaban hacia arriba y hacia abajo, en un movimiento poco experto de masturbación. Pero por suerte, al cabo de poco noté sus labios sobre el tronco de mi pene, y lo fue recorriendo con besos, sin olvidarse ningún espacio, mientras sus manos acariciaban mis testículos. Yo en ese momento me sentía como la masa de pan cuando está dentro del horno, porque los besos de Fani en mi miembro estaban cargados de sensualidad. Después empezó a recorrer mi pene con su lengua, en travesías longitudinales que a mí se me hacían muy breves y para Fani debían ser más largas. Yo estaba excitadísimo y tan solo deseaba que me follara en ese mismo momento. Pero continuó con su lengua unos minutos más, hasta que con una mano atrapó mi pene por la base y se introdujo la punta en su boca. Era deliciosa, y me sentía como la mantequilla cuando la dejas sobre un coche negro aparcado en pleno verano en una plaza de Sevilla a las 2 de la tarde. Mi miembro se estaba derritiendo literalmente en la boca de Fani, que no paraba de succionar y tragar, aunque debido a las dimensiones, solo pudo llegar hasta la mitad. Yo estaba tan caliente que era cuestión de segundos el que me llegara un tremendo orgasmo que me dejara fuera de combate, pero por suerte, Fani lo debió intuir y su boca abandonó mi pene, incorporándose sobre la cama, y poniéndose en cuclillas sobre mí, agarró de nuevo el miembro-bomba (a punto de estallar) con una mano y fue descendiendo hasta apoyar la punta sobre su rajita.

Se fue dejando caer suavemente hasta que entró la punta, y en ese momento noté una gran presión que la envolvía. Fani iba con mucha precaución porque a mi grueso pene le costaba entrar en su estrecha cuevecita. Así que me fue penetrando muy lentamente, porque en ocasiones las dimensiones del miembro le producían dolor, y entonces retrocedía un poco para volver a soltar su cuerpo y dejar que mi pene encajara en su interior. Sus gritos de dolor se mezclaban con los
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suspiros de placer le llegaban de la misma fuente. La tenía casi toda dentro de sí cuando empezó a subir y bajar, con mucho cuidado, y a ritmos acompasados, aunque ahora sin riesgo de dolor porque estábamos muy bien lubricados. Yo no podía aguantar mucho, el trabajito que me había hecho minutos antes me había dejado al borde del precipicio, así que empecé a mover la pelvis arriba y abajo sin parar, aumentando el ritmo de la penetración, mientras ella hacía lo propio, y cada vez se iba incrustando más y más en mi pene, hasta que su trasero llegaba al final del recorrido para apoyarse sobre mis piernas. Los dos estábamos inmersos en una cabalgada frenética y muy placentera, y mis gemidos retronaban en mi cerebro mezclándose con los gemidos de Fani, y nos vimos envueltos en una espiral de placer, de lo que ya casi no recuerdo mucho más. Aceleramos el ritmo a un nivel frenético, casi inhumano, donde mi pene entraba y salía sin parar, a una velocidad de vértigo, de su fantástico sexo que por su estrechez me estaba haciendo disfrutar como nunca. Tuve un orgasmo bestial, como si una bomba hubiera estallado dentro de mí y se hubiera canalizado a través de mi pene, y arrojó una cantidad bestial de esperma que entró en Fani, llenándola completamente, haciéndole alcanzar un orgasmo tremendo porque los gritos que dio seguro que lo oyeron hasta los vecinos del primero.

Y así acabó la historia, porque nos quedamos los dos dormidos sobre la cama, con los cuerpos juntos, pero a oscuras, y por la mañana, cuando desperté tenía las manos libres. Me levanté, encendí la luz y encontré sobre la cama una nota donde ponía: “Ha sido fantástico, la experiencia más increíble que he tenido nunca, me has hecho sentir mujer y jamás he disfrutado como esta noche lo he hecho contigo. Siempre lo guardaré en mi memoria. Las esposas son un regalo de recuerdo…Fani”

En el piso no había nadie, así que le metí morro y me di una ducha, me vestí y me fui a casa con la sensación de haber visto una película en la que yo era el protagonista, y me costaba reconocer que esa historia me había pasado de verdad.

Y lo último que supe de ella fue a través de un mail que me llegó dos días más tarde, en el que me contaba que había vuelto con su novio de antes y que se despedía para siempre.